domingo, julio 09, 2006


¿?

¿Que debo hacer?...
¿Qué debo hacer para despertar por las mañanas y ver un dulce presagio?
¿Qué debo decir para ganar el amor que deambula por las calles?
¿Cuándo debo llorar, en la noche en o en la tarde?
¿Debo contar lo que aflige a mi pecho o debo guardarlo hasta que se vuelva gigante y no pueda salir al fin?
¿Puedo imaginar el viaje que siempre he querido o esta prohibido?
¿Qué debo pedir en mis oraciones paz o venganza?
¿Debo ahogar el llanto o llorar por el ahogo?
¿Podré esta noche apagar la luz y sentir calma?
¿Mi terrible ansiedad será la causa o la consecuencia?
...
Responde...quisiera oír...
Alumbra mi cara y no demores que debo saber....
¿Es que tú no tienes preguntas?
¿Es que tus respuestas no eran incorrectas?
¿Es que tu sonrisa nunca fue un engaño?
¿Es que tu búsqueda no fue en el futuro sino en el pasado?
¿Y tu madre, nunca reprimió tus sentimientos?
¡Dime!
¡Habla!
¿Tu padre... nunca golpeó a tu madre?
...!!!

Calles largas y desoladas...
A lo largo de la tarde recorro el mundo como si fuese mi mano,
Vencida...
Esta vez no puedo recordar como se siente el palpitar,
El palpitar de esas manos que descubrieron mis muslos juveniles y
Pasaron inadvertidas por mis sienes.
Aquellas rojas, tibias y amantes manos...
Manos celestiales, fugaces, embriagantes...
Pero aún así nada recuerdo (?)
Nada, nada, nada...
Sólo danzas, danzas de gitanos ardientes y borrachos en un festín,
Colores fucsias y verdes, velos, escarcha, blondas...
Gritaban aturdidos a viva voz, humeantes con sabor a bronce, cocinaban las madres sometidas...y todo lo vi desde mis lentes amarillos.
Seguía viajando y trataba de perpetuar las manos...
Aún las danzas encontraban su lugar en mi mente repetida veces,
Encadenados los vestidos surgían en mi, flotantes, no querían dejarme,
Los colores y la belleza de unos ojos que miraron mi rostro con recelo...cuando sólo supe sonreír.
Mis lentes amarillos se tornaron rojos y grité tu nombre en medio de la calle larga y desolada, el eco desmoronó las carpas y ellos me gritaron... ¡mierda!
Miraron mis piernas cubiertas de medias rotas y rayadas y un escupitajo salió sinvergüenza de sus labios...
Subieron la música, mis oídos estallaron en mil hormigas hambrientas, me irritó, vomite en la vereda y caí...
Yo sólo quería recordar tus tibias manos.