miércoles, noviembre 08, 2006


El tierno cáliz florece en la llanura de mi mente, apartada del color azabache. Latentes e inmediatos los más intensos colores se acercan mientras observo la dulzura etérea del destello, ocasionado en el antiguo sol naciente, saboreándolo, al mismo tiempo que miro la entrada al país de las maravillas.
Fragmentos de ese cantar de luces, me volvió inocente tierra indígena, caminaron ante mi los Apu Inca milenarios en una fila interminable, gritando sus confusos lamentos en una lengua que hacía brotar leche de los árboles, desde el cosmos nativo. Y de una nota divina, suspendida ante mis ojos, emerge una inmensa repetición de voces, cantando al son del silencio, temerosas, escondidas que salen de a poco y lentamente, y grita una, mutando a las demás, pero sin demora retoman su armonía y de un golpe se detienen.
Me quiero quedar aquí viendo esto, miro mi cuerpo que resplandece de energía una y otra vez, late incesante el corazón, mi corazón, unido al juego de colores y sonidos que invocan la invisible existencia de las cuerdas, que sostienen el mundo, para moverme extremadamente, en una estela dorada de palabras y voces, y me mueve, me mueve, mueve, llegando al momento de mi nacimiento, logrando ver la luz entre los parpados y mis ojos inexpertos, para descubrir mas tarde que no era el parto sino mi muerte, el día de mi muerte repetido mil veces obsesivamente, con el anoréxico cuerpo gris del recuerdo adolescente.
Resuenan sonidos guitarrescos del fondo del baño y mi nombre aparece en una especie de letrero fluorescente. Escucho mi nombre mientras se dibujan una a una las letras que lo conforman para terminar diluidas en la palma de mis manos, y sigue bailando el sonido de esa voz que me llama pero no me encuentra y... vuelvo a cerrar los ojos.
Inicio un nuevo viaje sobre nubes metálicas que me guían a Venus. Aterrizo en el fondo y me encuentro con un grupo de mujeres desnudas que danzan suspendidas en el espacio, parecen no percatarse de mi presencia y una luz celeste emerge rodeando mi cuerpo, y levito lentamente hacia ellas, hacia las hermosas ninfas que entonan un canto gutural, pero al instante mi cuerpo desaparece quedando mi alma lúdica en presencia de aquellas criaturas salidas del indescifrable planeta; me miran detenidamente y una de ella me entrega una piedra roja de una inmensa intensidad, la que al roce de mi mano aparecida, estalla en mil pedazos para volver a fusionarse formando figuras infinitas, cambiando de colores y formas, casi demencialmente. Las figuras comienzan a dejarnos, ellas lloran, y al mirarlas reconozco que sus cabellos han crecido, llegando hasta mi y me han envuelto sin sentirlas, comienza un insoportable ardor que me ahoga... tengo miedo, ellas lloran cada vez más fuerte y ahora gritan, y este calor infernal me está adormeciendo, siento que...

Todo se ha vuelto oscuro y denso. Estoy en medio de la nada, toda brillantez ha desaparecido y los colores ya no existen. No logro descubrir dónde me encuentro, lo único que sé es que estoy cayendo a una velocidad sideral. Súbitamente me detengo ante una caminata, hay mucha gente, sus rostros se ven cansados, tienen la mirada perdida, sus pasos pesados están cargados de dolor y sufrimiento ante la dura mirada del verdugo que azota sus espaldas y ,sin embargo, ninguno grita, nadie dice nada y es como si no se dieran cuenta de que están siendo torturados.
Mis lágrimas comienzan a escaparse de mis ojos al mirar este espectáculo demoníaco e intento moverme para salvarlos de la tortura, pero mis manos están encadenadas y ya no puedo soportar, intento despojarme de ellas, tirarlas, romperlas, un terror se apodera de mi. Comienzo a convulsionar de miedo, mi cuerpo tirita, grito, pero nadie me escucha, grito más fuerte, y más y más,y en esto; veo salir volando mis pulmones con un chorro de sangre putrefacta.
Esto no esta bien.
Que me esta sucediendo.
Trato de calmarme y recordar que todo esto es producto del viaje...

Aún siguen caminando. Uno de ellos me mira con un extraño resplandor en los ojos y comienza a reír con agudas carcajadas, y el resto lo sigue en una reacción mecánica. Paralizada y fría maldigo en la oscuridad el boleto.
Basta.
Quiero volver... regresar...
El verdugo se dirige al hombre que ríe y desaparecen en medio de la nada.
quedando en la más obsoluta opacidad...
Parpadeo en un tiempo...
y al abrir los ojos, infinitamente transparente se une el gesto inmaculado, corre frío por los azulejos, dando botes repetidas veces, cansando al pensamiento y a la mirada intermitente. Se une el afán indeseable junto a los recuerdos paralíticos que no saben regresar a la superficie, desencantada de tu mirada inerte junto a mi cuerpo desnudo en medio de las gotas que consumen mi sonrisa en espera de tu mirada inerte, inerte, inerte...
Parpadeo insólito...donde ésta luz amarga se imagina para socorrer mi lógica que se escabulle entre las sábanas en un rodeo de caballos peludos...tus brazos. Me hundo en la superficie teatral con giros de danza acuática en medio de las olas juveniles, mientras la sangre corre entre mis cejas, tratando de sublimar este momento, pero no quieres dejar esa mirada pasiva...expresivamente radical.
Levanto la preponderancia de mi piel y jugueteo con las costras de las paredes...
los rotos, rotos y oscuros, oscuros, oscuros....surcos que se mueven en medio de mi pensamiento, pero afuera alterna el tiempo y el espacio...
Mueve. Mueve...mueve...muévete que me estas ahogando.
Serpiente, cable o hilo en mi garganta se aprieta...
Tu, tu, tu, tu, oreja no me deja dormir,

Repite...
Repetido...
El techo blanco. El espejo. La puerta. Levanto el cuerpo. Bajo las escaleras.
Lavo mis ojos...